Atrevida - Silvia Tabakman
Querida Silvia: me pregunto, si quisieras, tal vez, algún día, que nos tomáramos un café para contarte (¿confesarte?) que, atrevido, recogí palabras de estas páginas, como quien recoge ramas secas, piedritas o alas de libélulas, las recogí, las até a hilos de colores y las colgué, como cascabeles, en la ventana que mira a la montaña. Vendaval, prímula, musgo, somormujos, pámpano, ventisca, piruetas, muselina... gritos esmeraldas, campos madreperla, plumadas velas, florcitas de lavanda... Ahora, cada vez que el viento las acaricia, se puede oír la canción del frío y de las mantas, de los gestos y de las cosas. ¿Se lo podrías, por favor, luego, decir a Marosa, a Circe, a Federigo, a Erasmus y demás?
Juan Felipe Jaramillo Gartner
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Atrevida - Silvia Tabakman
Querida Silvia: me pregunto, si quisieras, tal vez, algún día, que nos tomáramos un café para contarte (¿confesarte?) que, atrevido, recogí palabras de estas páginas, como quien recoge ramas secas, piedritas o alas de libélulas, las recogí, las até a hilos de colores y las colgué, como cascabeles, en la ventana que mira a la montaña. Vendaval, prímula, musgo, somormujos, pámpano, ventisca, piruetas, muselina... gritos esmeraldas, campos madreperla, plumadas velas, florcitas de lavanda... Ahora, cada vez que el viento las acaricia, se puede oír la canción del frío y de las mantas, de los gestos y de las cosas. ¿Se lo podrías, por favor, luego, decir a Marosa, a Circe, a Federigo, a Erasmus y demás?
Juan Felipe Jaramillo Gartner